La Semana Turística de Moyobamba 2026 terminó entre música, actividades culturales, gastronomía y hasta un Récord Guinness. Pero, pasada la celebración, queda otro récord que merece bastante más atención: la magnitud de los recursos públicos comprometidos en actividades relacionadas con la promoción turística de la ciudad.
Las cifras conocidas permiten dimensionarlo.
Durante 2026 se adjudicaron a HC Suministros y Soluciones S.A.C. tres servicios vinculados a este esfuerzo: S/ 240,030 para la producción y realización del Récord Guinness de la porción de avispa juane; S/ 422,930 para la organización de eventos institucionales de la 52.ª Semana Turística; y S/ 427,020 para la campaña “Visita Moyobamba: Naturaleza que Renueva 2026”.
La suma correcta es S/ 1,089,980.
El dato adquiere mayor dimensión cuando se mira hacia atrás.
En 2024, el servicio de montaje, acondicionamiento y organización de la 50.ª Semana Turística fue contratado por S/ 438,300. En 2025, la organización de la 51.ª Semana Turística fue contratada por S/ 342,070. Ambos contratos fueron adjudicados a Grupo Andrade Company S.A.C.
Por tanto, el universo de contratación relacionado con promoción y actividades turísticas de 2026 alcanzó casi 2.5 veces el monto contratado en 2024 y 3.2 veces el de 2025.
Hay, sin embargo, una precisión indispensable: sería técnicamente incorrecto afirmar simplemente que “la misma Semana Turística costó tres veces más”, porque en 2026 estamos ante tres objetos contractuales distintos: la organización de la Semana Turística, una campaña promocional adicional y el evento Guinness.
Pero esa diferencia no elimina la pregunta. Al contrario, la hace más importante:
¿Qué justificó ampliar de esta manera el esfuerzo económico municipal y qué resultados adicionales se esperaba obtener?
La Municipalidad no improvisó formalmente esos objetivos. En abril aprobó el plan correspondiente a la 52.ª Semana Turística y en mayo el plan de la campaña “Visita Moyobamba: Naturaleza que Renueva”. La promoción turística, por tanto, estuvo precedida por instrumentos administrativos y objetivos institucionales.
El problema comienza cuando el debate se queda únicamente en si las fiestas fueron bonitas, si los artistas gustaron o si el Récord Guinness consiguió fotografías espectaculares.
Estamos hablando de dinero público.
Y cuando se utiliza dinero público, la obligación del funcionario no termina demostrando que realizó la actividad contratada. También debe poder explicar por qué se escogió determinada estrategia, cuánto costó, cómo se seleccionaron los proveedores y qué valor público produjo.
Diario Amanecer ha planteado cuestionamientos respecto de la experiencia del proveedor adjudicado y sobre la manera en que se habrían definido los servicios similares requeridos en los procedimientos. Son señalamientos que merecen ser contrastados con las bases integradas, propuestas de los postores, documentación utilizada para acreditar experiencia, actas de evaluación y expedientes completos de contratación.
Hay que ser rigurosos: que una misma empresa gane tres procedimientos no constituye, por sí solo, una irregularidad.
Para sostener jurídicamente algo distinto tendría que demostrarse una vulneración concreta de las reglas de contratación, direccionamiento, requisitos restrictivos, evaluación indebida, falta de competencia efectiva, incumplimiento contractual o cualquier otra infracción objetivamente acreditable.
Pero justamente por tratarse de más de un millón de soles y de tres contrataciones vinculadas temporal y funcionalmente a una misma política municipal, existe una legítima exigencia ciudadana de transparencia reforzada.
La Municipalidad debería publicar de manera sencilla la documentación esencial de los tres procesos, explicar los criterios utilizados para determinar la experiencia exigida, identificar cuántos postores participaron efectivamente, informar cómo se verificó la ejecución de las prestaciones y establecer si existieron adicionales, reducciones, penalidades, observaciones o modificaciones contractuales.
Eso despejaría dudas mucho mejor que cualquier confrontación política.
Pero falta todavía una pregunta más importante.
Supongamos que absolutamente todas las contrataciones fueron legales, competitivas y correctamente ejecutadas.
¿Los S/ 1,089,980 produjeron el resultado turístico que justificó gastarlos?
Porque un procedimiento de contratación puede ser perfectamente regular y, aun así, constituir una política pública deficiente si el resultado obtenido no guarda proporción con los recursos utilizados.
Ese es el verdadero debate.
El Récord Guinness puede permanecer registrado. Las fotografías pueden circular durante años. La fiesta puede haber sido multitudinaria.
Pero el récord que una administración municipal debería aspirar a exhibir no es cuánto gastó ni cuántos eventos organizó.
Debería ser otro: cuántos nuevos turistas llegaron, cuánto más permanecieron en Moyobamba, cuánto dinero dejó en hoteles, restaurantes, transporte, artesanía y comercio, cuántos empleos se generaron y cuánto creció la actividad económica local como consecuencia de la inversión realizada.
Si esos resultados existen, deben mostrarse.
Y si nunca fueron medidos, tenemos un problema todavía mayor.
Porque gastar un millón de soles es una decisión administrativa.
Demostrar que ese millón produjo desarrollo es gobernar.
Por Marco A. Cruzalegui
DE LA FIESTA SUBSIDIADA AL DESTINO COMPETITIVO: QUE EL PRIVADO INVIERTA Y EL MUNICIPIO RINDA CUENTAS
El debate sobre la Semana Turística de Moyobamba no debería terminar discutiendo si un millón de soles es mucho o poco.
Hay una pregunta anterior:
¿Quién debería financiar aquello que finalmente genera negocios privados?
El turismo posee una característica particular.
El Estado puede promocionar un destino, mejorar una plaza, ordenar el tránsito, garantizar seguridad, limpiar la ciudad, conservar patrimonio, mejorar accesos y construir una marca territorial.
Pero quien finalmente vende una habitación es un hotel.
Quien sirve la comida es un restaurante.
Quien transporta al visitante es una empresa.
Quien comercializa una excursión es una agencia.
Quien vende artesanía, café, cacao, bebidas o productos regionales es un emprendedor.
Eso significa que el principal impacto económico de una buena política turística termina materializándose en el sector privado local.
Y eso es positivo.
Precisamente para eso debería servir la promoción turística.
Pero si el beneficio económico es principalmente privado, resulta razonable preguntarnos por qué el financiamiento de las actividades comerciales y promocionales debe descansar fundamentalmente sobre el presupuesto municipal.
La propia Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo ha presentado la Semana Turística como un esfuerzo articulado entre autoridades, sector privado y población, destinado a movilizar alojamiento, gastronomía, transporte y otros servicios.
Ese principio debe convertirse en un modelo económico real.
No se trata de retirar al Estado del turismo.
Tampoco de “privatizar” nuestra Semana Turística.
Y mucho menos de entregar el patrimonio cultural de Moyobamba a intereses comerciales.
Se trata de distribuir correctamente las responsabilidades.
El municipio debería concentrarse en aquello que solamente el Estado puede garantizar o en aquello que beneficia colectivamente al destino: seguridad, limpieza, ordenamiento urbano, recuperación de espacios públicos, señalización turística, accesibilidad, información al visitante, promoción institucional, conservación del patrimonio, coordinación interinstitucional y construcción de la marca Moyobamba.
El sector privado debería asumir progresivamente una mayor responsabilidad en aquello que puede generar retorno comercial directo: espectáculos, promociones empresariales, circuitos gastronómicos, paquetes hoteleros, ferias comerciales, activaciones de marcas, transporte turístico, experiencias especiales y determinadas actividades de entretenimiento.
No estamos hablando de una Asociación Público-Privada en el sentido jurídico de los grandes proyectos de infraestructura.
Estamos hablando de colaboración público-privada, auspicios y mecanismos transparentes de cofinanciamiento.
Un hotel que espera vender todas sus habitaciones durante diez días tiene interés económico en promocionar Moyobamba.
También un restaurante.
Una empresa de transporte.
Una aerolínea interesada en el mercado regional.
Una empresa cervecera.
Los productores de café y cacao.
Las agencias de turismo.
Los operadores digitales.
Los bancos, cajas y cooperativas que desean posicionarse comercialmente.
Entonces deberían existir mecanismos abiertos para convertir ese interés económico en inversión promocional.
La Municipalidad podría publicar, meses antes de las festividades, un portafolio de patrocinio con reglas iguales para todos: categorías de auspiciadores, beneficios publicitarios claramente valorizados, espacios disponibles, aportes monetarios o en especie y obligaciones de transparencia.
Al terminar las actividades se debería publicar cuánto puso la Municipalidad y cuánto aportaron empresas privadas.
Esa cifra sería un indicador magnífico.
Por ejemplo, si una celebración cuesta S/ 1 millón y todo lo paga la Municipalidad, tenemos un determinado modelo.
Pero si posteriormente una celebración de similar dimensión moviliza S/ 1 millón y el presupuesto público representa S/ 400 mil mientras empresas, gremios y operadores aportan S/ 600 mil, habremos construido algo muy diferente.
No solamente habremos reducido presión sobre el presupuesto municipal.
Habremos demostrado que el propio mercado considera rentable promocionar Moyobamba.
Y existe una ventaja adicional.
Cuando hoteles, restaurantes, agencias, transportistas y comerciantes ponen recursos propios, comienzan también a exigir resultados.
Ya no interesa solamente cuántas personas participaron en un concierto.
Interesa cuántas habitaciones se vendieron.
Cuántas noches permanecieron los visitantes.
Cuántos platos se consumieron.
Cuántos paquetes se comercializaron.
Cuántos clientes regresarán.
Eso transforma completamente la conversación.
Pasamos del gasto a la inversión.
El municipio tampoco debería competir con sus propios empresarios.
Su función tendría que ser crear las condiciones para que ellos compitan entre sí por atender mejor al turista.
Un estudio académico publicado en 2024, orientado precisamente a diseñar un plan de promoción para atractivos administrados por la Municipalidad Provincial de Moyobamba, ya advertía la necesidad de estructurar de manera más sistemática la promoción de estos recursos turísticos.
Moyobamba dispone de una extraordinaria ventaja.
No necesita inventarse como destino.
Tiene orquídeas, naturaleza, gastronomía, cultura, baños termales, paisajes, tradición, café, cacao, biodiversidad y una identidad reconocible.
Lo que necesita es transformar esos activos en mayor permanencia, mayor gasto turístico y mejores negocios locales.
Y eso requiere otra forma de gobernanza.
Una mesa permanente entre Municipalidad, DIRCETUR, Cámara de Comercio, hoteles, restaurantes, agencias, transportistas, artesanos y productores podría definir con meses de anticipación qué mercados atacar, qué productos vender, qué actividades financiar y qué metas alcanzar.
El municipio aporta institucionalidad.
El empresario aporta conocimiento del mercado y capital.
La academia puede aportar medición.
Y la ciudadanía recibe finalmente el beneficio económico.
Ese debería ser el objetivo.
No hacer la fiesta más cara.
Hacer que el destino sea más rentable.
La discusión sobre los S/ 1,089,980 gastados en 2026 puede servir entonces para algo mucho más importante que buscar culpables.
Puede obligarnos a revisar el modelo.
La Semana Turística de 2027 no debería comenzar preguntando:
“¿Cuánto presupuesto tiene la Municipalidad?”
Debería comenzar preguntando:
“¿Cuánto queremos hacer crecer la economía turística de Moyobamba y cuánto están dispuestos a invertir quienes se beneficiarán directamente de ese crecimiento?”
Ese pequeño cambio transforma completamente la política pública.
Porque una ciudad turística madura no es aquella cuyo municipio organiza cada vez más espectáculos.
Es aquella donde el Estado crea condiciones, el privado invierte, el visitante consume, la economía crece y todos pueden comprobar los resultados.
Menos dependencia de la caja municipal. Más empresa. Más medición. Más turismo. Y, sobre todo, más desarrollo para Moyobamba. Por Marco A. Cruzalegui