Nota de opinión: Legalidad internacional, soberanía y autodeterminación

La eventual intervención del gobierno de Donald Trump en Venezuela es inadmisible

desde el derecho internacional y la ética política. Resulta inconcebible que fuerzas militares

extranjeras pretendan “hacer justicia” en otro Estado. Desde hace décadas, el sistema

internacional prohíbe la intervención armada unilateral y protege la soberanía como

principio estructural del orden mundial.

1) Ilegalidad de la pretensión de “administrar” Venezuela

Es abiertamente ilegal afirmar que un gobierno extranjero “administrará” Venezuela. La

sucesión presidencial está regulada por normas constitucionales internas; jamás puede

aceptarse la imposición de un presidente por una potencia externa. Admitirlo equivaldría

a legitimar la ruptura del Estado de Derecho y a normalizar la sustitución de la voluntad

popular por la fuerza.

2) Transición legítima y elecciones inmediatas

Cualquier salida institucional debe culminar con la convocatoria a elecciones en el más

breve plazo, bajo garantías plenas de neutralidad y transparencia, con observación

internacional imparcial. Solo así se restituye la legitimidad democrática y se evita que una

transición derive en tutela extranjera o en un nuevo autoritarismo.

3) Autodeterminación: decisiones que competen a los venezolanos

Las decisiones políticas sobre la organización del Estado corresponden exclusivamente

al pueblo venezolano y al gobierno que elijan libremente. Ningún actor externo —militar,

económico o diplomático— tiene derecho a definir el rumbo institucional del país.

4) La quiebra del sistema multilateral

Una acción unilateral de esta naturaleza deslegitima a los organismos creados para

preservar la paz. Si existiera causa para una intervención por crímenes de lesa humanidad,

solo podría canalizarse a través de la Organización de las Naciones Unidas, conforme a

sus procedimientos. Desplazarla vacía de contenido a instancias como la Organización de

los Estados Americanos o la Comunidad Andina y erosiona el derecho internacional.

5) Venezuela, historia y dignidad

Duele observar la realidad de la patria del Libertador Simón Bolívar. Los cambios

genuinos nacen de la voluntad interna de los pueblos, no de imposiciones externas.

Defender esta idea no promueve la violencia; afirma la legitimidad democrática.

6) Intereses reales tras el discursoEl trasfondo geopolítico y económico —petróleo, activos empresariales y el tablero donde

gravitan China y Rusia— revela que la narrativa no es la democracia, sino recursos y

poder. La amenaza no se agota en Venezuela: alcanza a todos los Estados susceptibles de

ser “administrados” cuando sus recursos resulten estratégicos.

Conclusión

Rechazo toda intervención militar unilateral y toda imposición de autoridades. La única

salida legítima es legalidad internacional, multilateralismo efectivo, autodeterminación

y elecciones libres. Cualquier otro camino debilita el orden global y normaliza la fuerza

como política exterior. (Abog. Marcos Cruzalegui Chávez) 

 

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