Proponen en ideas Plan Marshall para Puno

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Sergio Bolívar
Catedrático de la Facultad de Comunicación e Imagen de la UPC
Director General de Andina Consultando SAC

La actitud impasible del gobierno de Boluarte frente a las muertes de los soldados en Puno genera la pregunta ¿Qué esperan para aplicar el Estado de Emergencia en la zona? Sin una disposición clara del gobierno, las fuerzas del orden no pueden actuar por iniciativa propia por más que sus vidas corran peligro. Los reflejos políticos debieron estar mejor articulados para que los ministros hicieran frente a las circunstancias políticas y las consecuencias de la emergencia nacional. Al parecer, las carteras de Defensa e Interior sufren de otarolitis, un mal que aqueja al incapaz de actuar si el jefe está ausente en Canadá. Sin duda, esto tendrá efectos de cambio en dichas carteras si no muestran pronto un firme respaldo al Estado de Derecho.

Una señal de firmeza consiste en demostrar control respecto a Puno. El interés de Bolivia ha estado centrado en el oro ilegal que se produce en Puno y Madre de Dios, que sale por la frontera con Bolivia para que dicho país lo legalice como propio. Según el periodista Diego Acuña, Bolivia casi cuadruplicó su producción de oro pasando de 11 toneladas anuales a más de 40 en el 2022, sin tener ningún proyecto que lo justifique. Esto explicaría la injerencia separatista de Evo Morales en esta zona peruana que les entrega más del 90% del oro que producen ilegalmente. Esta situación debe cambiar y amerita recordarle a Bolivia que Perú tiene unas fuerzas armadas poderosas.

El conflicto jamás será resuelto a la espera de que los puneños se percaten de a poquitos que Castillo fue un golpista corrupto. Sin embargo, adoptar las medidas de ordenamiento tampoco consiste en permitir la beligerancia armada que fue exagerada por muchos periodistas sin valorar la vida del personal de las fuerzas del orden. Éstos necesitan de armas para evitar el destrozo de la propiedad y poner fin al riesgo contra la vida de cualquier ciudadano.

La recesión económica en Puno no los hizo ceder en la protesta porque parte de su población piensa equivocadamente que si sacan a Boluarte habrán ganado algo. Su salida no resuelve nada, solo permite que aflore el oportunismo electoral de determinados políticos que buscan el adelanto de elecciones. Concentremos nuestro esfuerzo en la pacificación. Puno necesita de un Plan Marshall adaptado a las circunstancias particulares de los puneños. Es decir, un plan de reconstrucción económica, tal como se aplicó en Europa después de la II Guerra Mundial, pero con matices distintos. Esta reconstrucción deberá ser realizada con altos conocimientos económicos, culturales y políticos quechuas y aymaras, es decir, consiste en sacar adelante un plan que sólo puede ser liderado por un Zar para Puno.

En el Perú, hemos tenido experiencias con Zares tales como: Ricardo Vega Llona, antidrogas, Martín Belaunde Moreyra, anticorrupción y el recordado Julio Favre, en la reconstrucción de Pisco. Todas estas experiencias nos dejaron importantes lecciones. Por eso, el Zar para Puno deberá cumplir unos requisitos mínimos:

Primero, ser un líder de prestigio regional profesional en la zona, con un buen entendimiento económico, político, histórico y con la capacidad de comunicarse en lenguas quechua y aymara, si es posible en uro.

Segundo, debe tener amplio poder presupuestal y capacidad de ejecución de proyectos de obras de infraestructura, es decir, lo que el Zar diga, eso se hará.

Tercero, contar con una personalidad moderna, ejecutiva, creyente en la mejora de las condiciones de vida para priorizar el acceso al agua, desagüe y electricidad que sólo disponen el 41% de los puneños.

Cuarto, debe tener una enorme influencia para convocar autoridades locales y personalidades notables de la región a conformar un grupo de trabajo bien preparado.

Quinto, debe rodearse de expertos en saberes técnicos y antropológicos propios de los quechuas y aymaras, conocido como el yatiri, “el que sabe”.

Lampadia

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